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Lo que aprendí de la Cooperativa Pangoa

Hace unos días tuve la suerte de viajar, junto a un equipo de profesionales y amigos, a conocer una cooperativa productora de café y cacao ubicada entre la selva y la sierra peruana, llamada Cooperativa Pangoa (http://cacpangoa.com)

Entre muchas cosas que me llamaron la atención, en este post hablaré de un aspecto especialmente ligado a la práctica de la atención plena o mindfulness, que llamaré “mentalidad de reciclaje o de reutilización” Lo ilustraré a través de dos ejemplos:

Ejemplo 1: conocimos a un agricultor que cultiva café y cacao utilizando como abono el bocashi (en realidad, casi todos los agricultores de la Cooperativa los utilizan), unos micro organismos que crecen directa y naturalmente en el bosque. Él mismo recoge los micro organismos, luego los cultiva y procesa para, posteriormente colocarlo en sus plantaciones como abono. Es decir, como agricultor orgánico acompaña un proceso circular y cíclico de la materia viva.

Ejemplo 2: hace varios años en la Cooperativa se dieron cuenta que la cosecha de vegetales y frutas de algunas fincas excedía el consumo de sus propietarios. Decidieron que, en lugar de botar la comida sobrante, tendría más sentido venderla en una feria abierta a la comunidad (dicho sea de paso, existe una app, seguramente entre cientos de otras, con este mismo objetivo: conectar a personas que quieren vender sus excedentes de comida a miembros de la comunidad: Olio) Pero, la iniciativa de la Cooperativa fue un paso más allá y decidió darle una perspectiva de género incorporando activamente a las mujeres dueñas de casa en el cultivo, cosecha y posterior venta de sus productos. Con el apoyo de una ONG británica han desarrollado este proyecto, cuyos objetivos no solo han sido la venta de vegetales y frutas excedentes, sino además, empoderar a las mujeres y disminuir el machismo y la violencia intrafamiliar de la zona.

Hace muchos años había leído sobre esta metáfora del reciclaje, según la cual nada se pierde, sino que se reutiliza porque todo está interrelacionado. El conocido monje budista vietnamita Thich Nhat Hanh lo expresa bellamente al hablar de las flores y la basura. Según él, si miramos superficialmente veremos que una flor (fresca, pura) es lo contrario que un tarro de basura (sucio y maloliente). Pero, si observamos con más profundidad, podremos tomar conciencia que, al cabo de unos días, la rosa será parte de la basura, y asimismo, en algunos meses del tarro de basura pueden brotar verduras e incluso en una rosa. Según Thich, si eres un buen agricultor orgánico (¡lo dice textual!) al ver una rosa verás la basura y, al ver la basura, notarás una rosa, ya que la rosa y la basura “entreson”: sin la rosa no hay basura y sin basura, no hay rosa. Las dos se necesitan y existen interdependientemente. La basura es tan valiosa como la rosa (“La paz está en cada paso”, 2000)

Me maravilló ver la aplicación concreta y práctica de esta sabiduría, tanto en relación con la naturaleza como con la comunidad. Esta manera intuitiva, orgánica y mindful de ver la vida nos invita a “ver” que habitualmente contamos con los recursos (fortalezas, habilidades, relaciones, etc) necesarios frente a nosotros. Y si no los vemos, es porque están en proceso de transformarse en abono (un conocido Sutra Budista dice en una de sus estrofas: “en verdad, ¿algo está faltando ahora?”) Según esto, pareciera que no es necesario buscar muy lejos, sino que confiar en que ya contamos con lo que necesitamos. Arriesgado, ¿cierto? Claro, porque implica soltar y confiar, dos de las cualidades claves de la practica de mindfulness.

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